—Cambiada, no cabe duda—añadió el criado.—¿Hubiera estado yo veinte años al servicio de mi amo para engañarme de ese modo respecto de su voz? No, señor, la voz de mi amo ha desaparecido y también él; ha sido muerto, hace ocho días, cuando le oímos gritar el nombre de Dios; ¿y quién está aquí en vez de él? ¿y por qué ese ser está aquí? Todo eso pide venganza ante Dios, Sr. Utterson.

—He aquí una extraña relación, Poole, que más bien parece relación salvaje, mi buen hombre—dijo Utterson mordiéndose los dedos.—Supongamos que la cosa fuese tal cual la creéis; supongamos que el Doctor Jekyll haya sido asesinado, ¿por qué se empeñaría el asesino en permanecer aquí? Esa historia no se sostiene por sí misma; la simple razón se niega á creerla.

—Bueno, Sr. Utterson, sois hombre difícil de convencer, pero sin embargo, llegaré á lograrlo—contestó Poole.—Es preciso que sepáis, que durante toda la última semana, él, ó sea quien fuere el que esté en aquel gabinete, gritaba noche y día para tener una especie de droga y no podía lograrla como la deseaba. Mi amo acostumbraba algunas veces á escribir sus órdenes en un papel y echarlo por los escalones. Desde hace una semana, eso es todo cuanto tenemos de él; nada más que papeles y una puerta cerrada; con respecto á los alimentos, colocados sobre los peldaños, iba á retirarlos á escondidas. Pues bien, señor, todos los días y aun dos ó tres veces en un día, he sido enviado corriendo á todos los drogueros de la ciudad. Cada vez traía el producto, pero otro papel me mandaba volver, porque no era puro y tenía otra orden para distinta casa. Necesita, pues, señor, en absoluto aquella droga por una razón cualquiera.

—¿Tenéis alguno de esos papeles?—preguntó Utterson.

Poole buscó en sus bolsillos y halló un papel arrugado, que el abogado examinó cuidadosamente acercándose á la luz. Su contenido decía lo siguiente: "El Doctor Jekyll saluda á los señores Maw, y les asegura que la última muestra es impura y no sirve para el objeto deseado. En el año de 18** el Doctor J. adquirió una cantidad bastante grande en casa de los señores M., y hoy les ruega que busquen con la exactitud más escrupulosa, y si quedase de igual calidad, que se la envíen inmediatamente. No hay que reparar en el precio. La importancia de la cosa para el Doctor Jekyll está por encima de cuanto pudiera decir." Hasta allí la carta estaba bastante correctamente escrita, pero entonces la emoción le había vendido, y hubiérase dicho que había materialmente aplastado la pluma contra el papel al añadir las siguientes palabras: "Por el amor de Dios, enviádmela de igual calidad que la antigua."

—Es una extraña nota—dijo Utterson, y luego añadió con severidad:—¿cómo la habéis tenido abierta?

—El dependiente del Sr. Maw estaba furioso, señor, y la echó hacia mí como si hubiese sido una cosa repugnante—repuso Poole.

—¿Sabéis si esa nota es con seguridad de puño y letra del doctor?—preguntó el abogado.

—He pensado que la letra se parecía á la suya—dijo el criado con tono áspero; y luego, cambiando de tono, añadió:—¿pero qué importancia puede tener una nota escrita, cuando le he visto á él en persona?

—¿Le habéis visto?—repitió Utterson.—¿Y bien?