—Hola muchachos, ¿de qué se trata?

—Cambiando las municiones y las armas, ya lo ve Vd., respondió un marinero.

-¿Por qué, con mil diablos?, prorrumpió Silver. ¡Si nos entretenemos en eso vamos á perder la marea de la mañana!

—Yo lo he mandado, dijo el Capitán secamente. Vd., amigo, bájese á su cocina que las gentes deben sentir ganas de cenar antes de mucho.

—Corriendo, corriendo, contestó el cocinero y tocándose, por vía de reverencia, la melena; y desapareció en el acto en dirección de su galera.

—Ese es un buen hombre, Capitán, dijo el Doctor.

—Es muy posible, Caballero, replicó el Capitán, en paz con ese, en paz con todos. Dió prisa, en seguida, á los que estaban cambiando la pólvora, y de repente, fijándose en mí, que estaba muy entretenido examinando el eslabón de vuelta que traíamos en medio del navío, me gritó con aspereza:

—¡Hola tú, grumete, largo de ahí! Márchate á la cocina y busca algo que hacer.

Y aunque me dí prisa á obedecer su mandato, le oí todavía decir, en voz bien alta, al Doctor:

—Yo no traigo favoritos en mi navío.