—¿Pues cómo no?, le dije. El Sr. de Trelawney es un hombre de honor. Y además de esto, ¿no ve Vd. que si con su auxilio logramos desembarazarnos de los otros, necesitaríamos de Vd. sin remedio para ayudarnos á maniobrar el buque?

—¡Ah! ¡pues es verdad!, replicó Ben Gunn. ¡Yo les sería indispensable!

Y con esto pareció como aliviado de un gran peso.

—Ahora, prosiguió, voy á contarte cómo pasaron los sucesos, ni más ni menos. Yo estaba á bordo del buque de Flint cuando éste sepultó aquí su tesoro. Él se vino á tierra con seis hombres, grandes, fuertes. Permanecieron aquí cerca de una semana, y nosotros, entre tanto, allá afuera... esperando... anclados en el fondeadero, en su viejo buque el Walrus. Un hermoso día, vimos por fin la señal esperada. Flint venía por sí solo... solo enteramente en su pequeño bote, con su cabeza vendada con una banda azul... El sol comenzaba á levantarse y él aparecía pálido... pálido como un muerto junto al tajamar... ¡Pero allí estaba, eso sí! En cuanto á los otros seis... ¡todos muertos! ¡muertos y enterrados!... ¿Cómo se arregló para ello? Ninguno de los que íbamos á bordo pudo averiguarlo nunca, ¿Fué lucha leal, asesinato, sorpresa, que fué?... ¡Quién sabe! Lo único que sabíamos es que ellos eran seis y él no era más que uno... ¡uno contra seis! Billy Bones era el piloto del barco; John Silver era el contramaestre y ambos le preguntaron dónde quedaba oculto el tesoro.—“¡Ah!, contestó él, si Vds. quieren ir á averiguarlo pueden irse á tierra y quedarse allí buscando. Lo que es el barco vuelve á la mar en busca de más, con mil diablos!” Eso fué lo que él dijo!... Tres años después de aquello me cupo en suerte venir en otro buque. Cuando vimos la isla yo dije:—“Ea, muchachos; el tesoro del Capitán Flint está aquí. ¡Vamos bajando á tierra y encontrémoslo!”—El Capitán se disgustó con esto, pero mis camaradas fueron todos de mi opinión y bajamos á tierra. Doce días consecutivos buscaron y buscaron en vano. Creían que yo les había jugado una horrible burla y cada día me llenaban de nuevos y más duros insultos, hasta que una mañana, ya cansados y sin esperanzas se volvieron todos á bordo.—“Por lo que hace á tí Benjamín Gunn, me dijeron al partir, aquí tienes un mosquete, un pico y una azada: quédate aquí y encuentra para tí solo el tesoro del Capitán Flint!”... Tres años hace de esto, Jim; tres años que he estado aquí sin probar un solo platillo de cristianos, hasta hoy!... Pero, dime ahora... mírame... ¿tengo yo el aspecto de un marinero?... ¡Ya te oigo murmurar que no!... ¡Ah!, es que yo también lo digo... yo... ¡yo mismo!

Al decir esto me guiñó los ojos y me oprimió la mano fuertemente. Y luego prosiguió:

—Tú nada más repítele á tu Caballero mis propias palabras, Jim. Díle esto: “Tres años hace que Ben Gunn es el único habitante de esta isla, lo mismo á la hora de la luz que en medio de la noche, lo mismo en la tempestad que en el buen tiempo. Tal vez algunas ocasiones ese pobre—díle—tal vez ha pensado en su anciana madre, que anciana ha de ser si vive aún; quizás, á veces, habrá caído de rodillas para decir una oración. Pero la mayor parte del tiempo de Ben Gunn se ha empleado en otro asunto.” Y al decirle esto le darás un pellizco como este que te doy aquí.

É hízolo como lo decía, de la manera más confidencial que imaginarse pueda, prosiguiendo en el acto:

—Pero continuarás al punto y le dirás: “Gunn es un buen chico, no cabe duda y él deposita él precioso don de su confianza, deposita él precioso don de su confianza—no olvides decírselo con esas mismas palabras—en un Caballero por nacimiento, más que en cualquiera de esos “caballeros de la fortuna” de los cuales él ha sido uno.”

—Pero vamos allá, le dije yo; prescindiendo de que no alcanzo á entender una palabra de todo lo que me ha estado Vd. diciendo aquí, ¿cómo podría yo repetírselo al Caballero si no veo la posibilidad de volver á bordo?

—¡Ah! allí está la vuelta del cabo! Y bien, aquí está mi bote; mi bote que yo he fabricado con mis propias manos. Yo lo tengo oculto bajo la peña blanca. Si sucede lo peor de lo peor, creo debemos intentar esa travesía después de que oscurezca...