—¡En lo que debe!

—¡Bah!

—¡Un momento, un momento!—replicó.—¿Cuánto daría usted por anularlo?

—¡Diez, veínte, cincuenta mil pesos!—exclamé.—¡Es un punto de partida tan hermoso!...

—No se necesita tanto.

—¿Cómo así?

—Radnitz tiene, desde hace mucho, letras protestadas de Vázquez, por un valor de veinte ó veinticinco mil pesos, que no ejecuta, confiando en su porvenir inmediato. En cuanto vea un negocio lo hace saltar.

—¿Qué hombre es ese Radnitz?

—Tiene un banquito y hace comercio de obras de arte. En el banquito presta liberalmente al uno por ciento mensual, que resulta el cinco ó el diez, porque hay que comprar acciones...