—Tome usted un poco de vermouth.

—Bien.

—Mis compañeros me esperan para comer—agregó.—Desearía saber qué me vale este honor...

—He leído su artículo de El Chispero. Es notable, como vigor, pero me parece exagerado. Usted hará camino en el periodismo, y tengo razones para darle un consejo...

—¿Ah?—murmuró bebiendo un sorbo de vermouth.

—Es preciso que usted conozca más á fondo á las personas que ataca, y que no se haga un daño irreparable por impremeditación juvenil.

—Señor—me dijo incorporándose, como para marcharse,—no pido, por el momento, cursos de literatura ni de periodismo...

—¡Muy bien contestado!—exclamé, tomándolo acariciadoramente de un brazo.—Muy bien contestado, y si yo no fuera quien soy, no insistiría en aconsejarle.

—¿Y quién es usted?—preguntó con enojo.

—Yo soy Mauricio Gómez Herrera.