«Llegóse una vez hasta á cerrar las puertas, para que algún votante intruso no fuera á interrumpir á los que copiaban nombres... mil cuatrocientos nombres de conciudadanos votando unánimes y entusiastas por los candidatos oficiales.

«Como no podían abundar los hombres de la especie requerida para gobernar la comuna, se jugaba á las cuatro esquinas con los puestos públicos: un año, Luna, era juez de paz, Carbonero intendente y Machado presidente del concejo; al año siguiente, Carbonero era el juez de paz, Machado el intendente y Luna presidente de la Municipalidad. Y la permuta se repetía desde tiempo casi inmemorial, sin que se interpolara ningún elemento nuevo. Tanta era esa escasez de hombres que en otros partidos algunos tenían que representar dos papeles: éstos eran, por regla general, diputados-intendentes.»

Lo que podría faltar en este cuadro está ampliamente suplido en el resto del volumen, ó lo suplirá más ampliamente aún el talento del lector. Cerremos pues aquí las Memorias silvestrinas y su periodístico y á la verdad algo frío comentario, que tan ventajosamente hubiera sustituido alguna de las «agachadas» del farmacéutico.


FIESTAS PATRIAS

—¡Tatachin, chin, chin! ¡Tatachin, chin, chin!

—Shuitzssss... pum!

Y vuelta á empezar.

Uno que otro pilluelo desarrapado seguía á la charanga y á don Máximo, el viejo portero de la Municipalidad, cargado con un mortero y dos docenas de bombas de estruendo para la salva reglamentaria de veintiún cañonazos.