Nada había que hacer... Apenas, y con gran peligro, consiguieron sacar algunos objetos de la formidable hornalla... Las cumbreras se desplomaron con gran ruido, el alero desapareció, y á la luz roja no se veía ya mas que las paredes ennegrecidas... Sentados en el suelo, anonadados por la impotencia y la desesperación, lanzaban de vez en cuando lamentables exclamaciones. Y la visita del extranjero volvía á su exaltada imaginación con caracteres diabólicos y aterradores.
—¡Ah el gringo, el gringo!...
—Él no más nos ha traído esta calamidá...
—Nos ha hecho «daño»...
—¡Seguro que tiró el pucho en el fachinal, indino!...
—¡No, patrón!; si era el Malo, ¡si era Mandinga!... ¡Tan cierto como que éstas son cruces!...
Y su infantil superstición iba á convertirse en hecho comprobado, al día siguiente, cuando en Pago Chico, donde fueron á refugiar su desnudez, les dijeran que allí no había llegado francés alguno, y luego á difundirse pasando de boca en boca como acontecimiento histórico, aunque el comisario averiguara y publicara que un hombre de la filiación del presunto incendiario estuvo aquella tarde en el vecino pueblo del Sauce donde, á la madrugada, tomó la galera del Azul...
Pero el alba se extendió descolorida y triste sobre el campo. Hombres y mujeres, acercados por la desgracia, formaban un grupo silencioso é inmóvil. Lo que ayer fuera bienestar y abundancia era miseria ya...
La pampa, á las primeras luces indecisas, mostróseles cubierta por inmenso tapiz de funerario paño negro, que se extendía hasta el horizonte, en todo rumbo, y el viento, fuerte aún, levantó nubes de hollín y los envolvió en impalpable polvo de cenizas...