Barrucchi, á quien la noche del incendio corrió á avisarse al Club que ardía la botica, se limitó á contestar tranquilamente, encogiéndose de hombros:
—¡Eh, no importa, mientras no se queme el aljibe!...
El pobre Tartarín tuvo que ir á Argel por una copla; Barrucchi tuvo que irse de Pago Chico por una frase.
También es verdad que Barrucchi no era del pueblo y que la frase brotó del cerebro de Silvestre. Si hubiese sido pagochiquense, quizá se le perdona, pues es fama que hasta los perros dicen, amparando á los vecinos:
—¡No lo muerdan, qu'es del barrio!
Los hombres también, y si no, véase en seguida como lo prueba, con elegante demostración, la cajita misteriosa de Ferreiro.
ALTRUISMO
Entre las espesas sombras de la noche, en grupos charlatanes de tres ó cuatro personas, numerosos vecinos de Pago Chico se encaminaban lentamente á la estación del ferrocarril. Se habían reunido con ese objeto en el Club del Progreso, en el café y en la confitería de Cármine, y al acercarse la hora fueron destacándose poco á poco, para no llamar demasiado la atención ni dar pie á que los opositores hicieran alguna de las suyas.