Su altruismo no le permitía gozar tan sólo de las delicias de la aguja, pues los otros veinte no contaban ya: Habían contribuido á chasquearlo y se reían de él, como si fuese el único burlado.

Entre tanto y en silencio, había ido aproximándose el tren. Un silbido agudo y un repentino y fuerte resplandor, les hizo dar un salto y volverse hacia la vía. El diputado Cisneros, de pie en la plataforma, con el tren aún en movimiento, comenzó á dirigirles la palabra:

«Este brillante recibimiento me demuestra cuánto es vuestro altruismo y vuestra abnegación. Siempre dispuestos á sacrificaros por el bien de los demás, á luchar sin tregua ni descanso por evitar el sufrimiento ajeno, venís en horas de combate á retemplar mi espíritu, para el holocausto fraternal á que estoy dispuesto tanto como vosotros mismos».

Y siguió así, mientras don Máximo se devanaba los sesos por hallar modo de pasarle la cajita sin faltarle á las debidas consideraciones. Pero no lo halló, por demasiado humilde, y tuvo que consolarse con la idea de embromar á la Petrona...

¡Y decir que la peregrinación de la cajita se repetía diariamente y en mayor escala en Pago Chico, y se repite en todas partes, cuando ya estamos á las puertas del siglo de oro de la solidaridad humana!...


LIBERTAD DE SUFRAGIO

Cierta noche, poco antes de unas elecciones, el Club del Progreso estaba muy concurrido y animado.