El escribano Ferreiro había criticado acerbamente la aventura y el desmán, abundando en las mismas opiniones.

—Eso es querer hacer callar un chancho á palos,—dijo á Luna y á Barraba.—Otra vez no sean tan bárbaros. Á hombres como Viera hay que matarlos ó dejarlos. Nada de palizas. Sítienlo por hambre más bien.

...La orden del diputado se cumplió sin pérdida de momento. El consejo de Ferreiro comenzó también á ponerse inmediatamente en práctica.


EN LA POLICÍA

No siempre había sido Barraba el comisario de Pago Chico; necesitóse de graves acontecimientos políticos para que tan alta personalidad policial fuera á poner en vereda á los revoltosos pagochiquenses.

Antes de él, es decir, antes de que se fundara La Pampa y se formara el comité de oposición, cualquier funcionario era bueno para aquel pueblo tranquilo entre los pueblos tranquilos.

El antecesor de Barraba fué un tal Benito Páez, gran truquista, no poco aficionado al porrón y por lo demás excelente individuo, salvo la inveterada costumbre de no tener gendarmes sino en número reducidísimo,—aunque las planillas dijeran lo contrario,—para crearse honestamente un sobre sueldo con las mesadas vacantes.

—¡El comisario Páez—decía Silvestre—se come diez ó doce vigilantes al mes!