ROBERTO J. PAYRÓ

Pago Chico

EDITORIAL MINERVA
AVENIDA DE MAYO 560
BUENOS AIRES

Al Dr. Genaro Sisto,
con fraternal cariño.

ÍNDICE

Pág.
I La escena y los actores[7]
II Libertad de la imprenta[21]
III En la policía[39]
IV El caudillo[43]
VEl juez de paz[51]
VILa elección municipal[59]
VIILadrillo de máquina[85]
VIIIBeneficencia pagochiquense[93]
IXPoncho de verano[99]
XPara barrabasadas[113]
XILos patos[119]
XIIMetamorfosis[127]
XIIICon la horma del zapato[137]
XIVEl desquite de don Ignacio[149]
XVLas memorias de Silvestre[157]
XVIFiestas patrias[187]
XVIIPoesía[203]
XVIIISitiado por hambre[212]
XIXEl diablo en Pago Chico[225]
XXGuerra á Silvestre[245]
XXIAltruismo[251]
XXII Libertad de sufragio[257]
XXIII Epílogo[263]

LA ESCENA Y LOS ACTORES

Fortín en tiempo de la guerra de indios, Pago Chico había ido cristalizando á su alrededor una población heterogénea y curiosa, compuesta de mujeres de soldados,—chinas,—acopiadores de quillangos y pluma de avestruz, compradores de sueldos, mercachifles, pulperos, indios mansos, indiecitos cautivos,—presa preferida de cuanta enfermedad endémica ó epidémica vagase por allí.

El fortín y su arrabal, análogo al de los castillos feudales, permanecieron largos años estacionarios, sin otro aumento de población que el vegetativo,—casi nulo porque la mortalidad infantil equilibraba casi los nacimientos, pero cuyos claros venían á llenar los nuevos contingentes de tropas enviados por el gobierno.