37½ 37½ 37½ 37½
A ━━━━━━━━━━━━━━━━━ B=165 varas

Las quince varas de diferencia—sobrante—eran adjudicadas al precio primitivo de los solares, diez veces inferior al corriente—á la persona que hacía la denuncia. Como ésta era siempre un hombre de influencia, el sobrante se ubicaba donde más daño hacía, es decir entre las dos propiedades más valiosas, siempre que no fueran de otro influyente... Para no destrozar sus edificios, las víctimas pagaban á peso de oro, un terreno que habían pagado ya, pero cuyo exceso de superficie no ignoraban probablemente: á un engaño hay otro engaño, á un pícaro, otro mayor, como afirma el proverbio.

Este error topográfico, provocaba el inverso, que otro línea explicará, sin más vueltas:

37½ 37½ 37½ 37½
A ━━━━━━━━━━━━━━━━━ B=112.50 varas

En la «cuadra» faltaba un solar, aunque existiera ó pudiese forjarse un título de propiedad. El dueño del título sin terreno, reclamaba (naturalmente si era situacionista porque la reclamación no «cuajaba» de otro modo) y como no era posible estirar la cuadra ni hacer parir las varas, indemnizábasele con otro lote municipal, diez ó veinte veces más valioso, en cualquier otra parte, y tanto mejor ubicado cuanto mayor era la influencia del reclamante. ¡Estancias se obtuvieron por este sistema! y si Ferreiro llegó á diputado fué sólo á costa de muchos sobrantes y muchas indemnizaciones que supo aprovechar para sí, indicar á otros ó repartir entre los «personajes» que le interesaban ó podían serle útiles al día siguiente, y esto fuera de las suculentas «comisiones» con que sabía untar la mano de los empleados municipales, de intendente abajo. Como que hasta don Máximo recibía infaliblemente su propina.

Esto hubiera bastado á cualquier gobierno aprovechador.

Pero, deseosos de ensanchar su campo de acción, los señores del pueblo resolvieron un buen día dedicarse también á la industria y establecer una fábrica de «ladrillo de máquina» que había de darles resultados estupendos.—Asistamos á la reunión en que quedaron sentadas las bases de la empresa.

Celébrase ésta en casa del juez de Paz D. Pedro Machado, con asistencia del intendente Municipal D. Domingo Luna, del comisario Barraba, del doctor Carbonero y del famoso escribano Ferreiro, cuyas fechorías habían de conducirlo más tarde á ser todo un personaje provincial y hasta nacional, como veremos más adelante, porque es cierto aquello de que «todo se andará si el palito no se quiebra».

Es de noche. Ronco son hace del mar la resaca...

Una chinita desarrapada, ceba y acarrea el mate amargo, y en la mesa del comedor, como adorno característico, se alza un porrón de ginebra rodeado de copas.