(Poesías, CLXIII, págs. 249-253 de Frey).

Acepto aquí la interpretación de Frey, que señala para esta poesía la fecha de octubre a diciembre de 1556. Thode es de otra opinión, y la atribuye a la juventud de Miguel Ángel, pero no da a mi juicio ninguna razón suficiente.

[475] En 1548, disuadiendo a su sobrino Lionardo de hacer una peregrinación a Loreto, le aconsejaba gastar más bien el dinero en limosnas, “porque si llevas tu dinero a los sacerdotes, ¡Dios sabe lo que harán!” (Abril 7 de 1548). Sebastián del Piombo iba a pintar un monje en San Pedro in Montorio; Miguel Ángel piensa que aquel monje echará todo a perder y dice: “Los monjes han perdido al mundo que es muy grande; no sería sorprendente que perdieran una capillita”. En la época en que Miguel Ángel trataba de casar a su sobrino, fué a verlo una devota, le dijo un sermón, lo exhortó a la piedad y le ofreció para Lionardo una muchacha piadosa y de buenos principios. “Yo le respondí, escribe Miguel Ángel, que haría mejor ocupándose de tejer y de hilar, que rondando así alrededor de la gente, comerciando con las cosas santas”. (Cartas, julio 19 de 1549).

Escribió poesías ásperas de un sentimiento savonarolista contra los sacrilegios y las simonías de Roma. Por ejemplo, el soneto:

Qua si fa elmj di chalicj e spade,
E’l sangue di Christo si vend’a giumelle...

“Ahí se hacen con los cálices espadas y yelmos, y
la sangre de Cristo se vende a dos manos...”.

(Poesías, X, por el año de 1512).

[476] Carta a Buonarroto respeto a una enfermedad de su padre. (Noviembre 23 de 1516). Carta a Lionardo, refiriéndose a la muerte de Giovan Simone. (Enero de 1548). “Me sería agradable saber si se ha confesado y si ha recibido bien los Sacramentos. Si supiera que es así sufriría menos”.

[477]Più credo agli orazioni che alle medicine”. (Cartas a Lionardo, abril 25 de 1549).

[478] “En el año del Señor de 1513, el primer año del Pontificado de León X, Miguel Ángel que se encontraba entonces en Roma—y creo, si no me equivoco que era en Otoño—una noche, al aire libre, en un jardín de su casa, oraba y levantó los ojos al cielo. De repente vió un meteoro maravilloso, un signo triangular con tres rayos: uno, que iba hacia el Este, brillante y liso como una hoja de espada pulida y al fin terminaba en un gancho; el otro color de rubí azul rojizo, que se extendía sobre Roma; y el otro color de fuego, retorcido y de tal longitud que llegaba hasta Florencia. Cuando Miguel Ángel vió este signo divino fué a su casa a buscar un papel, pluma y colores y dibujó la aparición; y cuando hubo terminado, la señal desapareció”. (Fray Benedetto: Vulnera diligentis, tercera parte. Mss. Riccardianus 2985. Citado por Thode, según Villari).