De giorni mie... L’ultimo, primo in più tranquilla corte... (Poesías, CIX, 41).
[507] “Feliz el alma para la cual el tiempo ya no corre”. (Poesías, LIX).
Tal fué esta vida de divino dolor.
Foss’io pur lui! c’a tal fortuna nato,
Per l’aspro esilio suo con la virtute
Dare’ del mondo il più felice stato![508].
Al terminar esta historia trágica me siento atormentado por un escrúpulo. Me pregunto si queriendo dar a los que sufren compañeros de dolor que los sostengan, no he hecho más que agregar el dolor de éstos al dolor de aquéllos. ¿He debido acaso como tantos otros no mostrar más que lo heroico de los héroes, ocultando con un velo el abismo de tristeza que hay en ellos?
¡No! ¡La verdad! Yo no he prometido a mis amigos la felicidad a costa de la mentira, la felicidad a pesar de todo, a cualquier precio.
Yo les he prometido la verdad aunque sea a costa de la felicidad, la verdad viril que cincela las almas eternas.
El aliento de la verdad es duro, pero al mismo tiempo es límpido; bañemos en él nuestros corazones anémicos.