Las grandes almas son como altas cimas. El viento las azota, las nubes las envuelven; pero ahí se respira mejor y con más fuerza que en otras partes. El aire tiene ahí una pureza que lava las manchas de los corazones; y cuando las nubes se retiran, desde ahí se domina al género humano.
Así fué esta montaña colosal que se elevaba por encima de la Italia del Renacimiento, y cuyo perfil atormentado vemos a lo lejos perderse en el cielo.
Yo no pretendo que la mayoría de los hombres puedan vivir en estas alturas. Pero que un día por año suban en peregrinación; ahí renovarán el aliento de sus pulmones y la sangre de sus venas.
Allá arriba se sentirán más cerca del Eterno. Y después volverán a bajar hacia la llanura de la vida con el corazón templado para el combate diario.
ROMAIN ROLLAND
NOTAS:
[508] Poesías, CIX, 37.