2.º La Sensualidad. Lucha muy difícil.
3.º La Vanidad. La más terrible de todas.
En el instante en que soñaba vivir para los otros y sacrificarse, sus pensamientos voluptuosos y fútiles lo asediaban: la imagen de alguna mujer cosaca, o “la desesperación que sufriría si su mostacho izquierdo se levantase más que el derecho”[552]. “¡No importa!” Dios estaba allí y no lo abandonaría. La efervescencia de la lucha misma era fecunda, porque todas las potencias de vida en ella se exaltaban.
Pienso que la idea tan frívola que tuve de hacer un viaje al Cáucaso, me fué de lo Alto inspirada. Me ha guiado la mano de Dios; y no ceso de darle gracias. Comprendo que he llegado a ser mejor aquí, y estoy firmemente persuadido que todo lo que pueda acontecerme no será sino para mi bien, puesto que Dios mismo es quien lo ha querido...[553]
Es el canto de acción de gracias de la tierra a la primavera. La tierra se cubre de flores; todo está bien en ella; todo es bello. En 1852 el genio de Tolstoi da sus primeras flores: Infancia, La Mañana de un Señor, La Incursión, Adolescencia; y él da gracias al Espíritu de Vida que lo ha fecundado[554].
LA HISTORIA DE MI INFANCIA
La Historia de mi Infancia fué comenzada en el Otoño de 1851, en Tiflis, y concluida en Piatigorsk, en el Cáucaso, el 2 de julio de 1852. Es curioso observar que en el cuadro de esta naturaleza que lo embriagaba, en plena vida nueva y en medio de los peligros inquietantes de la guerra, ocupado en descubrir un mundo de caracteres y de pasiones que le eran completamente desconocidos, Tolstoi se haya vuelto hacia los recuerdos de su vida pasada en esta primera obra. Pero cuando escribió Infancia se encontraba enfermo, su actividad militar bruscamente interrumpida; y durante los prolongados ocios de la convalecencia, dolorido y solo, estaba en una disposición sentimental de espíritu en la cual, ante sus ojos enternecidos, revivía lo pasado[555]. Después de la agotadora tensión de los últimos años, tan desagradables, era para él dulce de reanimar “el período maravilloso, inocente, poético y alegre” de la edad primera, y rehacerse un “corazón de niño, bueno, sensible y capaz de amor”. Por otra parte, con el ardor de la juventud y sus ilimitados proyectos, dado el carácter cíclico de su imaginación poética, que raramente concebía un tema aislado y para la cual las grandes novelas no eran sino eslabones de una larga cadena histórica, fragmentos de vastos conjuntos que no pudo nunca ejecutar[556], Tolstoi no podía ver en las narraciones de Infancia, en aquel momento, sino los primeros capítulos de una Historia de cuatro épocas, que también comprendería su vida en el Cáucaso y concluiría, sin duda, en la revelación de Dios por la Naturaleza.
Más tarde, Tolstoi fué muy severo para las narraciones de Infancia, a las cuales debió una gran parte de su popularidad.
“¡Es esto tan malo,—decía a Birukov;—está escrito con tan poca honestidad literaria!... De eso no se puede sacar nada”.