[45] “¿Viena, no es decir todo? Toda huella del protestantismo alemán se borra aquí; hasta el acento nacional está perdido, italianizado. El espíritu alemán, las maneras y las costumbres alemanas, explicadas por los manuales de origen italiano y español... ¡Es el país de una historia falsificada, de una ciencia falsificada, de una religión falsificada... un escepticismo frívolo, que debía aniquilar y sepultar el amor a la verdad, al honor, a la independencia!” (Wagner, Beethoven, 1870). Grillparzer escribió que era una desgracia haber nacido austriaco. Los grandes compositores alemanes de fines del siglo XIX, que vivieron en Viena, sufrieron cruelmente por el espíritu de esta ciudad, abandonada al culto farisaico de Brahms. La vida de Bruckner allá fué un largo martirio; Hugo Wolf, que se debatía furiosamente antes de sucumbir, expresó sobre Viena juicios implacables.
[46] El rey Jerónimo había ofrecido a Beethoven una pensión de seiscientos ducados de oro, vitalicia, y dietas de viaje por ciento cincuenta ducados de plata, a cambio del compromiso único de tocar algunas veces delante de él y de dirigir sus conciertos de música de cámara, que no debían ser ni largos ni frecuentes. (Nohl, XLIX). Beethoven estuvo a punto de partir.
[47] El Tancredo de Rossini bastó a conmover todo el edificio de la música alemana. Bauernfeld, citado por Ehrhard, anota en su Diario este juicio, que era corriente en los salones de Viena, en 1816: “Mozart y Beethoven son dos viejos pedantes; la tontería de la época precedente les gustaba; y sólo después de Rossini se sabe lo que es la melodía. Fidelio es una inmundicia; no es posible comprender que se dé uno la pena de fastidiarse yendo a escucharlo”.
Beethoven dió su último concierto, como pianista, en 1814.
[48] En el mismo año Beethoven perdió a su hermano Carl: “Amaba tanto la vida, cuanto yo tendría placer en perder la mía”, escribía a Antonia Brentano.
[49] Además de la sordera, su salud empeoraba de día en día. Desde octubre de 1816 estaba muy enfermo de un catarro inflamatorio; durante el estío de 1817 su médico le dijo que era una enfermedad del pecho; y durante el invierno de 1817-1818 se atormentaba con el temor de la tisis. Siguieron después los reumatismos agudos en 1820-1821, una ictericia en 1821 y una conjuntivitis en 1823. Beethoven escribió a Franz Brentano, el 12 de noviembre de 1821 (cuando estaba en plena composición de la Misa en re): “Desde el año pasado hasta hoy he estado siempre enfermo... Ahora estoy un poco mejor, a Dios gracias, y me parece que puedo vivir de nuevo para mi arte, lo que propiamente hablando no ha sido, desde hace dos años, por falta de buena salud, como también por tantos otros sufrimientos”.
[50] Adviértase que de este año data, en su música, un cambio de estilo, inaugurado por la sonata op. 101. Los cuadernos de conversación de Beethoven, que forman más de once mil páginas manuscritas, se encuentran reunidos actualmente en la Biblioteca Real de Berlín.
[51] Schindler, que llegó a ser desde 1819 amigo íntimo de Beethoven, había entrado en relaciones con él en 1814; pero había costado mucha pena a Beethoven concederle su amistad; lo trataba, además, con altivo menosprecio.
[52] Véanse las admirables páginas de Wagner sobre la sordera de Beethoven. (Beethoven, 1870).
[53] Amaba a los animales y tenía piedad de ellos. La madre del historiador Von Frimmel contaba que mucho tiempo sintió rencor involuntario contra Beethoven, porque cuando ella era pequeña él espantaba con su pañuelo las mariposas que quería coger.