[619] Indicio característico de la intervención sobre el espíritu de Tolstoi por el genio creador: su Diario se interrumpió trece años, desde el 1.º de noviembre de 1865, en plena composición de La Guerra y la Paz. El egoísmo artístico hizo callar el monólogo de la conciencia. Esta época de creación es también una época de intensa vida física. Tolstoi estaba loco por la caza. “En la caza olvido todo...”. (Carta de 1864). En una de estas cacerías a caballo se rompió el brazo (en septiembre de 1864) y precisamente durante su convalecencia dictó las primeras partes de La Guerra y la Paz. “Al volver en mí del desvanecimiento, me dije: yo soy un artista. Y lo soy, pero un artista aislado”. (Carta a Fet de 23 de enero de 1865). Todas sus cartas de esta época, escritas a Fet, exultan la alegría creadora. “Miro como ensayos de pluma, dice, todo lo que he publicado hasta hoy”. (Ibid.)
[620] Ya entre las obras que ejercieron influjo sobre él, entre los veinte y los treinta y cinco años, Tolstoi señala:
“Goethe, Hermann y Dorotea... Influencia muy grande”.
“Homero, Ilíada y Odisea (en ruso)... Influencia muy grande”.
En junio de 1863 anota en su Diario:
“Leo a Goethe y numerosas ideas nacen en mí”.
En la primavera de 1865 Tolstoi releyó a Goethe, y cita el Fausto, “la poesía del pensamiento, la poesía que expresa lo que no puede expresar ningún otro arte”.
Más tarde sacrificó a Goethe, como a Shakespeare, a su Dios; pero permaneció fiel en su admiración a Homero. En agosto de 1857 leía, con igual pasmo, la Ilíada y el Evangelio; y, en uno de sus últimos libros, el panfleto contra Shakespeare (1903), precisamente opone Homero a Shakespeare, como ejemplo de sinceridad, de mesura y de arte verdadero.
[621] Las dos primeras partes de La Guerra y la Paz fueron publicadas en 1865 y 1866, con el título de El Año de 1805.
[622] Tolstoi comenzó la obra en 1863, con los Decembristas, de que escribió tres fragmentos (publicados en el Tomo IV de las Obras Completas). Pero advirtió que los cimientos de su edificio no eran suficientemente seguros, y cavando más adelante, llegó a la época de las guerras napoleónicas y escribió La Guerra y la Paz, cuya publicación principió en enero de 1865, en el “Russki Viestnik”. El sexto volumen fué terminado en el otoño de 1869. Entonces Tolstoi remontó el curso de la historia, y concibió el proyecto de una novela épica sobre Pedro el Grande; y después otra: Mirovitch, sobre el reinado de las emperatrices del siglo XVIII y sus favoritos. En ella trabajó, de 1870 a 1873, acopiando documentos, bosquejando varias escenas, pero sus escrúpulos realistas le hicieron renunciar: tenía la conciencia de que no llegaría a resucitar de manera verídica el alma de estos tiempos tan distantes. Más tarde, en enero de 1876, concibió la idea de una nueva novela sobre la época de Nicolás I; después volvió a los Decembristas apasionadamente, en 1877, recogiendo testimonios de los supervivientes y visitando los lugares de la acción. En 1878 escribía a su tía, la condesa A. A. Tolstoi: “¡Es esta obra para mí tan importante! No podéis imaginaros cuánto me es importante, tan importante como para vos lo es vuestra fe. Quisiera decir que más todavía”. (Correspondencia inédita, página 9). Pero se alejó del asunto en la medida que lo profundizaba; ya su pensamiento estaba en otra parte. El 17 de abril de 1879, escribía a Fet: “¿Los Decembristas? ¡Dios sabe dónde estarán!... Si me ocupé y escribí de ellos, me vanaglorio con la esperanza de que tan sólo el olor de mi espíritu sería insoportable para quienes sólo se interesan por los hombres, para bien de la humanidad”. (Ibid. página 132). En este momento de su vida la crisis religiosa había principiado, e iba a quemar a todos sus antiguos ídolos.