[735] Véase en Juventud el relato humorístico de las penas que sufrió para aprender a tocar el piano. “El piano era para mí un medio de encantar a las señoritas con mi sentimentalismo”.
[736] Se trata de los años de 1876 y 1877.
[737] S. A. Bers. Recuerdos de Tolstoi. (Véase Vida y Obra.)
[738] Tomo I, página 381. (Edición de Hachette).
[739] Pero nunca dejó de amarla. Uno de los amigos de sus últimos días fué un músico, Goldenveiser, que pasó el estío de 1910 cerca de Yasnaia. Casi cada día iba a tocar trozos de música a Tolstoi, durante su última enfermedad. (Journal des Débats, 18 de noviembre de 1910).
[740] Carta del 21 de abril de 1861.
[741] Camilo Bellaigue, Tolstoi y la música. (Le Gaulois, 4 de enero de 1911).
[742] Que no se diga que se trata aquí únicamente de las últimas obras de Beethoven. Aun a las primeras que consentía en mirar como “artísticas”, reprocha Tolstoi “su forma artificial”. En una carta a Tschaikovsky, opone asimismo a Mozart y Haydn “la manera artificial de Beethoven, Schumann y Berlioz, que calculan el efecto”.
[743] Véase la escena contada por M. Paul Boyer: “Tolstoi hacía que le tocaran Chopin. Al final de la cuarta balada, sus ojos se llenaron de lágrimas—¡Ah! ¡animal! gritó; y bruscamente se levantó y se marchó”. (Le Temps, 2 de noviembre de 1920).
[744] Amo y Criado (1895) es como una transición entre las lúgubres novelas que la precedieron y Resurrección, en la cual se derrama la luz de la caridad divina. Pero más todavía se siente en ella la cercanía de La Muerte de Iván Ilich y de los Cuentos Populares, que de Resurrección, que solamente anuncia, hacia el fin, la sublime transformación de un hombre egoísta y cobarde, por la acción de un ímpetu de sacrificio. La mayor parte de la historia es el cuadro, muy realista, de un amo desprovisto de bondad y de un criado resignado que son sorprendidos, en la estepa, de noche, por una tormenta de nieve y que pierden el camino. El amo, que trata desde luego de huir, abandonando a su compañero, regresa y, encontrándolo semihelado, se arroja sobre él, le cubre con su cuerpo, le calienta, sacrificándose por instinto; no sabe por qué, pero las lágrimas se agolpan a sus ojos; piensa que se ha convertido en aquél a quien salva, en Nikita, y que su vida ya no le pertenece a él, sino a Nikita. “Nikita vive, luego también yo vivo todavía”. Casi ha olvidado que él era él, Vasili. Piensa: “Vasili no sabía lo que debía de hacer... no lo sabía, y yo, yo sí lo sé ahora...”. Y escucha la voz de Aquél a quien esperaba, (en esta parte su sueño recuerda otro de los Cuentos Populares) de Aquél que, hacía un momento, le había dado la orden de acostarse sobre Nikita. Lleno de alegría clama: “¡Ya llego, Señor!” Y siente que ahora ya es libre, que nada lo retiene... ha muerto.