[726] El Ahijado (1886). Estas narraciones populares han sido publicadas en el tomo XIX de las Obras Completas.

[727] Muy tardíamente adquirió el gusto por el teatro. Fué un descubrimiento que hizo en el invierno de 1869-1870, y, según su costumbre, se inflamó de entusiasmo. “Todo este invierno me he ocupado exclusivamente en el drama y, como ocurre siempre a los hombres que hasta la edad de cuarenta años no han reflexionado sobre algún asunto y que de pronto, en él fijan su atención, les parece que ven entonces muchas cosas nuevas... He leído a Shakespeare, a Goethe, Puchkin, Gogol y Molière... Quisiera leer a Sófocles y a Eurípides... He estado en cama largos días, enfermo; y cuando estoy así los personajes, dramáticos o cómicos, comienzan a moverse dentro de mí, y lo hacen muy bien...”. (Carta a Fet, 17-21 de febrero de 1870. Correspondencia inédita, páginas 63-65).

[728] Variante del acto IV.

[729] Es de considerar que la creación de este drama angustioso haya sido para Tolstoi una pena. Escribía a Teneromo: “Vivo bien y jovialmente. He trabajado todo este tiempo en mi drama El Poder de las Tinieblas, y está concluido”. (Enero de 1887. Correspondencia inédita, página 159).

[730] La primera traducción, exacta, de esta obra, en francés, ha sido publicada por J. W. Bienstock, en el “Mercure de France” (marzo y abril de 1912). Bienstock ha denunciado las extrañas libertades que se tomaron en las traducciones anteriores de los textos de Tolstoi.

[731] La traducción francesa de este Postfacio, por M. Halpérine-Kaminsky, se ha publicado con el título: De las relaciones entre los sexos, en el volumen intitulado Placeres crueles.

[732] Adviértase bien que Tolstoi no tuvo jamás la ingenuidad de creer que el ideal del celibato y de la castidad absoluta sea realizable por la humanidad actual; pero, según él, un ideal es irrealizable por definición: es un llamamiento a las energías heroicas del alma.

“La concepción del ideal cristiano, que es la unión de todas las criaturas vivientes en el amor fraternal, es inconciliable con la práctica de la vida que exige un esfuerzo continuo hacia un ideal inaccesible pero que no supone haberle alcanzado nunca”.

[733] Al final de La Mañana de un Señor.

[734] La Guerra y la Paz. No quiero recordar a Alberto (1857), la historia de un músico de genio; esta novela es muy débil.