“Es menor felicidad para el que ama,
la plenitud del goce que extingue el deseo,
que la miseria llena de esperanza”.

(Soneto CIX, 48).

[124] “Todo me entristece, escribía... El bien mismo, a causa de su duración demasiado corta, aflije y oprime mi alma tanto como el mal”.

[125] Poesías, LXXXI.

[126] Poesías, LXXIV.

[127] Deben recordarse los años que pasó en las canteras de Seravezza, para la fachada de San Lorenzo.

[128] Por ejemplo, aceptó el encargo del Cristo de la Minerva en 1514, y en 1518 exclamaba desolado por no haber podido ni empezar: “muero de dolor... me parece que soy un ladrón”. Lo mismo por lo que se refiere a la Capilla Piccolomini, de Siena, para la cual había firmado un contrato, en 1501, estipulando que entregaría la obra en tres años. Sesenta años más tarde, en 1561, todavía se atormentaba por el compromiso no cumplido.

[129]Facte paura a ognuno insino a’papi”, le escribía Sebastián del Piombo, el 27 de octubre de 1520.

[130] Conversación con Vasari.

[131] Así en 1534, cuando quiere huir de Pablo III y acaba por dejarse encadenar a la tarea.