—Le he dado más de seis duros, durante nuestra estancia en este hotel.
—¿Pero no pensaba usted gratificarle cuando se marchara?
—Sí, señora; pensaba darle cinco ó diez francos; tal vez cincuenta, acaso ciento, si hubiera creido que los merecia; pero no pensaba tener obligacion de dar 67, cuando nada se me ha advertido, cuando nada sé, cuando por el contrario tengo necesidad de saber lo que he de pagar, porque mi bolsillo no es infinito….
—Pues bien; hágalo usted por mí, dé usted al criado la mitad de lo que ha pedido…. ¿Qué menos ha de dar usted que medio franco por arreglar la habitacion?
En fin, entró la parte mágica, y la funcion me costó seis napoleones cumplidos.
¿Con qué objeto exponerse á escalar puertas ó balcones, cuando hay el arte necesario para hacerlo mágicamente?
En el bulevar de la Buena Nueva me compré una levita de verano por 35 francos. El amo del establecimiento quitó la enseña donde estaba escrito el precio, y nos dió la levita perfectamente envuelta en un gran papel. Yo le di dos piezas de 20 francos, y esperaba que me diera la vuelta; pero el amo no pensaba en tal cosa.
Tuve que preguntarle cuál era el precio de la levita para arrancarle los 5 francos que sobraban. Tal vez aquel hombre obraba distraidamente; esto podia suceder; no quiero hacerle reo sin tener entera conviccion; pero los varios lances análogos que me han sucedido, me dan el derecho de consignar aquí este escrúpulo, para que valga lo que la sensatez del lector juzgue regular.
Muy pocas cosas puedo decir acerca de la prostitucion de esta ciudad extraordinaria.
Los lectores saben que la prostitucion se considera aquí como una industria, industria que tiene su matrícula, que está bajo la vigilancia del gobierno, pagando en trueque una contribucion.