Sin embargo, hoy se invoca aún por cierta escuela la moralidad de aquellos tiempos. Cierta escuela grita aterrada que tocamos ya un período disolvente, que nos precipitamos por instantes en un abismo de perdicion. La escuela á que me refiero dice bien: corremos por instantes á la disolucion…. de dicha escuela.
A las once en punto entraba en el patio del hotel de Feydeau. Los garçones me hicieron un saludo apenas perceptible. Esto quiere decir que no iba bien vestido. En efecto, mi mujer y yo hemos notado repetidas veces, que los saludos son más ó menos afectuosos, más ó menos cumplidos, á proporcion del traje que llevamos. Esto es un motivo curioso de estudio, porque el lector comprenderá sin duda las infinitas gradaciones que deben mediar, desde balbucear los buenos dias á un mendigo, hasta doblar ambas rodillas ante un emperador.
¡Ay! ¡Cuándo y dónde, encontraré un pueblo en la tierra, en que no se me mire al pecho y á los piés, como para ver si llevo cadena y bota de charol; para ver si pueden esperar de mí una propina; sino que se me mire á la frente y á los ojos, para ver si tengo talento y bondad con que hacer un bien á este mundo!
¡Cuánta fe necesita el hombre para que su alma no se cáuterice, al tocar la hiel corrosiva de estas nauseabundas experiencias!
No siento odio; acaso no siento desprecio tampoco, pero siento una profunda lástima, y sobre todo un profundo dolor.
Este es quizá un malvado, un holgazan, un idiota.
—¿Lleva cadena?
-Sí.
—¿Lleva brillantes?
-Sí.