El dia de mañana comprenderá la visita de Santa Genoveva, y la comparacion entre aquellos dos grandes ídolos de nuestros tiempos.

=Dia trigésimo primero=.

Santa Genoveva.—Rothschild.—Salamanca.—Invitacion.—Nuevas curiosidades.

La historia del Panteon nos espera. Estamos en el siglo quinto de la era cristiana. El célebre Pelagio difunde por toda Inglaterra su herejía, la cual amenaza turbar las verdades fundamentales de la Iglesia católica. San German de Augerre y San Loujo de Troyes parten en el acto para la Gran Bretaña, con el pensamiento de combatir el famoso cisma, pasando por Nauterre, pequeña ciudad que se halla á pocas leguas de Paris. A la llegada de los dos santos, toda la ciudad se reunió en la plaza, como para oir y admirar la palabra de aquellos virtuosos varones. San German habla á la multitud, y en medio del profundo silencio y de la profunda veneracion con que le escuchaban, se oyen sollozos.

San German calla, las gentes se miran, se interrogan, buscan…. La que lloraba era una muchacha de Nauterre.

El santo se abre paso á través de la multitud, se aproxima á la jóven, que aún no podia contener las lágrimas, y la pregunta:

—¿Por qué lloras?

La pobre muchacha que se ve cerca de aquel gran santo, que oye su pregunta, temblaba y lloraba al mismo tiempo, y con mucha prisa, tal vez con vergüenza, se enjugaba las lágrimas; pero sin poder dejar de llorar.

—¿Qué tienes, hija mía? volvió á decirla el piadoso viajero, dando más dulzura á su palabra y á su ademan. La muchacha, con el rostro encendido, llorando todavía á despecho suyo, balbuceó:

—Quiero ser monja.