A esa pobre mujer (una mujer puede ser pobre con muchas alhajas y muchas riquezas) seria necesario enseñarla la copla que dice:
En el amoroso imperio
Busca el hombre lo que ignora:
No es la mujer lo que adora,
Lo que adora es su misterio.
¡Cuánto más valdrian las mujeres, cuán diferente seria el mundo, si se comprendiera y se practicara la moral de esas cuatro líneas!
Ya lo he dicho en otro lugar, y voy á decirlo aquí otra vez. El que crea que no necesita leerlo dos veces, que lo pase por alto; pero casi me atrevo á decir que aunque lo leyera todos los dias, no perderia el tiempo.
Una virtud moral que se llama recato.
Una virtud física que se llama aseo.
Una virtud social y religiosa que se llama caridad.
Dos virtudes domésticas que se llaman laboriosidad y economía: hé aquí el verdadero dote, el dote más grande, que un padre puede dar á su hija. Con ese dote, la pobre es rica; y la fea es hermosa. Sin ese dote, la hermosa es fea, y la rica es pobre.
¡Cuántos pechos exhalarán un profundo suspiro, al leer estos desaliñados renglones!
La francesa partió con el lacayo. Dios la dé lo que la hace falta, que es una buena dósis de juicio.