Esto es querer dar verdad á la mentira, con el fin de hacer de la mentira un ente amable.
Así lo he sentido mil veces, y el sentimiento es el gran criterio del alma, el talento casi infalible del corazón.
Yo deploro de todas veras que los españoles corrompan la expresion franca, majestuosa y solemne de sus saludos, aceptando el afeminado merci francés.
—¿Cómo está usted?
—Bien ó mal. Gracias. ¿Y usted?
—Mal ó bien; gracias.
Aconsejo fervorosamente á la juventud, que deseche esa profanacion de la sociedad y de la conciencia, y que se atenga á la palabra candorosa, sencilla, franca, honrada y leal de nuestros padres.
No lo repudio á título de innovacion; yo admito todas las innovaciones posibles, cuando vienen autorizadas por una razon que las justifique y las recomiende, aunque los innovadores sean cafres. Repudio aquella costumbre alambicada, aquel alarde rebuscado y necio, porque desnaturaliza nuestro trato, despojándolo de su ingenuidad, de su poesía, de su belleza. Sí; el refinado y tonto merci, quita á nuestros saludos ese aire de jovialidad y de buena fe, ese aire rudo y caballeresco, grave é hidalgo, que es quizá el carácter más notable, más original y más bello de nuestra raza.
Jóvenes, creedme; no digais merci. Si sois hombres, ese merci tan blando, tan ficcioso, tan almibarado y melífluo, os convierte en damas, y os hace feos, porque no hay una cosa más fea que un hombre amadamado, y sobre todo, amadamado á la francesa. Si sois mujeres, perdeis una gran parte de vuestro encanto y de vuestra hermosura, porque la principal hermosura y el principal encanto de las hijas de España, consiste especialmente en ser españolas. Tal vez vosotras no comprendais esto, y sin embargo es la verdad. Quitad á vuestros rostros, á vuestros talles, á vuestras miradas, á vuestras sonrisas, á vuestros saludos, á vuestra palabra, la originalidad propia de vuestro país, y sereis estátuas vestidas. Decid merci y sois francesas; no sois lo que sois realmente, porque vosotras sois españolas. Aquel merci es un postizo, un adefesio, una caricatura. ¿Por qué poneros caricaturas extranjeras, cuando las caras nacionales son tan hermosas? ¿Por qué aderezaros con flores mústias de otro clima, cuando nuestros soles crian en nuestros campos tantos jazmines y alelíes? Bellísimas jóvenes españolas, no digais merci: os lo suplico por el alma de vuestros difuntos.