Y entonces aparece la luna en el cielo, y el hombre dice al astro de la noche: yo te conozco; tú eres el faro de mis esperanzas y mis dolores; Dios te ha creado para mí.
Adios, Provenza; adios, Bocaire; adios, Ródano; adios, familias inocentes; adios, casta doncella, que con el aliento de tu boca prestas nuevos aromas á las flores de tu campo vírgen; á las flores que esmaltan esas márgenes encantadoras; adios casitas; adios, palmeras; adios, cipreces. Si la horrible dolencia que oprime dia y noche mi desgraciada vida, me dejase algun tiempo de descanso, yo iria á saludaros otra vez; pero me volveria pronto, porque ya tengo ageado mi sepulcro, ya he pedido mi tierra postrera á mi adorada Andalucía.
Lector, estos renglones tienen un mérito poco comun en nuestro siglo; tienen la augusta poesía de una lágrima que en este momento cae de mis ojos; una lágrima que pide á Dios por el reposo eterno de mi madre.
Allí, en la Provenza, está tambien el hogar, la casa, el rescoldo; la cuna y el sepulcro de los que nacen, viven y mueren en un mismo palmo de tierra. Allí están tambien el padre, la madre y el hijo; allí está tambien el mundo del hombre; casi todo el mundo; la familia.
Lo que antes he dicho debe entenderse respecto de Paris, pero seria una calumnia y una ruindad, si se dijera tratándose del pueblo francés.
VIII.
=Moralidad francesa con relacion á la política=.
Entre los infinitos hechos que nos ofrece esta incansable sociedad, elegirémos únicamente uno: el pauperismo: esto es, la pobreza como hecho social, como manifestacion pública.
El actual emperador dijo: el cristianismo abolió la esclavitud; la democracia francesa abolió el pauperismo.
Esto dijo el Emperador; pero su dicho no pasó á ser realidad en la práctica. No condeno de ningun modo la buena intencion que puede abrigarse en aquel deseo; conozco que el deseo es, por sí solo, una gran virtud, una virtud inmensamente venerable, porque es lo que más nos acerca á Dios; pero cuando el deseo no se cumple, cuando no halla una fórmula práctica en su aplicacion, es una verdadera teología. Esto sucedió al actual Emperador de los franceses, al proclamar tan absoluta y confiadamente la extincion de la mendicidad. Fué teólogo, no hombre político, porque la política quiere hechos, realidades, aplicaciones evidentes de los principios que se proclaman, y el deseo del Emperador no tiene aplicacion alguna, no tiene aquí ninguna realidad trascendente en la organizacion de los hechos sociales.