¡Grandiosa creacion, en verdad, si sobre ella no tendiese sus alas negras un ángel terrible; el egoismo!

Pero sin duda la Providencia quiere valerse de ese egoismo como de una palanca que remueve á la humanidad, para empujarla luego hácia sus fines predestinados.

Un sacerdote protestante nos acompañaba. El ómnibus paró, y el sacerdote desapareció con su equipaje. Nuestro locomotor prosiguió su marcha, y al cabo de un cuarto de hora de camino á través de las calles de esta Babilonia europea, el guia nos anunció que allí estaba el hotel indicado por el caballero español que nos habia recibido en el ferro-carril. Dejamos el ómnibus, y un mozo comenzó á subir el equipaje. Pasamos el piso entresuelo y llegamos al principal; un principal bastante alto por señas: el mozo proseguia subiendo.

—¿Dónde va usted? le grité desde el primer tramo del piso tercero, porque el entresuelo era todo un piso.

Montez, monsieur, s'il vous plaît; c'est ici, c'est ici. (Tened á bien subir, señor; es aquí, es aquí.)

Llegamos al piso cuarto: el mozo proseguia subiendo. Yo dije á mi mujer que venia á mi brazo sin comprender lo que pasaba: ese hombre nos quiere arrebatar sin duda al Paris que está en la tierra, para llevarnos á otro Paris que estará en el cielo …_aunque ignoro si podrá subir tan arriba.

En el primer tramo del piso cuarto me detuve.

—Mozo, no subo más.

Montez, monsieur, montez; nous y sommes. (Subid, señor, subid; ya estamos.)

—Mozo, no subo aun cuando estemos, le respondí en francés.