En esto apareció un caballero … digo mal, no apareció; nosotros llegamos á divisarlo por entre las barandas doradas del otro piso, es decir, del piso quinto. Aquel caballero, amo del hotel Español, tuvo la bondad de bajar adonde nosotros estábamos.
—Pido á usted auxilio, le dije sonriendo, contra las intenciones de su criado, que sin duda pretende conducirnos á las estrellas.
—Es que no hay habitacion desocupada en los otros pisos.
—Entonces, contesté, no podemos tener el gusto de permanecer en su casa. Una afeccion nerviosa que padezco, me impide habitar un piso quinto.
—Perdone usted, es piso cuarto.
—Pues bien, me impide habitar un piso cuarto.
—Un piso cuarto con entresuelo, añadió mi mujer, y nos dimos á bajar la escalera diciéndole: sírvase usted prevenir al criado que traiga el equipaje, nosotros le gratificarémos, y rogamos á usted nos disimule esta molestia.
El amo del hotel bajó al otro rellano.
—Ya que ustedes no pueden quedarse aquí, les recomendaré á una casa española.
—¿Qué piso? pregunté.