—Principal; calle Vivienne, casa de Luisa Noel.
—Enhorabuena; si es piso principal, estamos conformes y le damos á usted las gracias.
Dos criados de la fonda condujeron el equipaje desde la calle de
Richelieu á la de Vivienne, que están contiguas, núm. 45.
Llegamos á la primera puerta y yo hice alto, mientras que los mozos continuaban subiendo la escalera.
—¿Dónde va usted? volví á preguntar.
Los criados me respondieron que aquel piso era el entresuelo, y que
Luisa Noel habitaba en el principal.
Subimos al piso principal.
Luisa Noel no estaba en casa; los criados de la fonda dejaron allí el equipaje, y mi mujer y yo tomamos posesion de dos sillas en actitud de esperar á la señora. No habian trascurrido dos minutos, cuando se dejó ver una criada que nos dijo en buen español:
—Si ustedes quieren ver la habitacion que está vacante, pueden hacerlo; y en el caso de acomodarles, dispongan de ella, sin perjuicio de que luego se concierten con el ama.
Esta proposicion nos agradó en extremo, ansiosos como estábamos de descansar, y la criada nos pareció una mujer de mucho talento.