Dos criados de Luisa Noel se apoderaron del equipaje y empezaron á subir escaleras.

La criada seguia á los criados. Mi mujer seguia á la criada. Yo seguia á mi mujer. Subí el primer tramo maquinalmente; pero al llegar allí me acordé de mis nervios, no podia suponer que en Francia hubiese dos pisos principales, uno abajo y otro arriba, y creí llegada la ocasion de preguntar de nuevo:

—¿Dónde va usted, señora?

—Es aquí, es aquí.

—Perdone usted; el caballero que nos recomienda nos dijo que su ama de usted vivia en un piso principal.

—Sí, señor; pero en el piso principal no hay habitacion desocupada.
Suban ustedes, vean ustedes el cuarto, y luego podrán resolver.

Antes subia maquinalmente; ahora subia por amabilidad; pero un hombre no debe ser amable: el hombre no debe robar ese secreto á la mujer.

Subimos dos tramos, y hénos aquí en pleno piso segundo con entresuelo; pero los criados y la criada continuaban subiendo escaleras.

—¿Dónde va usted, mujer de mis pecados?

—Es que en el piso segundo no hay habitacion vacante. Suban ustedes; esto no es alto para Paris.