El uno anuncia una liquidacion definitiva, por valor de 300 ó 400 ú 800 mil francos; otro participa una rebaja de un 40 por 100, á consecuencia de disolucion de sociedad, de retiracion del comercio ó de muerte: otro va á cerrar sus salones de Invierno: otro va á franquear sus salones de Estío. Aquí hay un gabinete perfectamente confortable, donde se ponen dientes; allí se restauran las encías; allá nos ofrecen quijadas, ó narices, ó piernas, ú ojos artificiales, todo con una baratura, una comodidad y un buen gusto que encanta. No he visto aún ningun papel donde se prometa estañar la vejiga, como si fuera un pedazo de hoja de lata; pero no desespero de saber dónde se ponen trozos de pulmon. Aquí se pone todo, todo absolutamente, menos corazon y cabeza.

Un tabernero se revela al público de este modo: me apresuro á participaros que he tenido la feliz idea (l'heureuse pensée) de formar un establecimiento vinícola (vinicole), único en Francia, donde sereis servidos como en ninguna parte, no sólo por la circunstancia de ser el empresario cosechero en grande (en gros), sino tambien por reunir treinta ó cuarenta años de experiencia y estudio. Escribid por el correo. El amo de un restaurant asegura que por 70 céntimos (22 cuartos), da un almuerzo de los más convenientes, y que el servicio se hace en vajilla de plata. Que el servicio sea en vajilla de plata, ó en vajilla de zinc, poco importa: él estaba en el caso de anunciarse pomposamente, y dice que es de plata.

En el boulevard Montmartre hay un letrero enorme; en que se brindan dientes por 5 francos cada uno, prévia una garantía de diez años.

¡Dónde estará el diente al cabo de diez años, y aquel á quién se puso, y el mismo que lo puso!

La antigua casa de Michaud (aquí todo el mundo se denomina casa, antigua casa, casa única), se presenta como la sola casa de Paris, que pone á nuestro arbitrio y disposicion una dentadura completa (un dentier complet) por la suma de 150 francos, reuniendo las mejores condiciones de actividad y duracion (de travail et de durée).

En una de las travesías del boulevard de Beaumarchais, se ve un gran rótulo, donde se promete un menjuge para hacer salir el pelo á todo el mundo, con el bien entendido de que no se recibe paga alguna, hasta despues de haber obtenido el resultado. El objeto es que acuda gente; lo demás queda reservado á otro menjuge que sólo ellos conocen. La charla en los mercaderes es aquí un verdadero y misterioso menjuge, una operacion química, velada por el arte de un hechicero. Orfila era un niño de teta, como suele decirse.

En Paris no se escapa ningun bicho viviente; ni el oidium, ni las pulgas, ni las liendres, ni las chinches. Levante los ojos el que pasea por estas espaciosas y magníficas calles, lea ciertos cuadros que están expuestos en los almacenes y tiendas de comestibles, y se convencerá de que sólo la negligencia en soltar unos cuantos sueldos, puede tolerar el desacato de que haya pulgas en el mundo. ¡Cuántos millones necesitaria un solo individuo, si la esaltase la humorada de creer en lo que le dice este pueblo volátil, adornado no obstante de tan grandes dotes, abismado no obstante bajo el peso de tantas flaquezas!

Visitemos las tiendas de pieles, y encontrarémos, perfectamente disecados, leones, panteras, tigres, leopardos, hienas, lobos, zorras, castores; en fin, un gabinete de zoología. No he visto ratas; pero no extrañaria alzar la cabeza y darme de hocicos con una enorme culebra boa, puesta en una urna de cristal, á lo largo de un escaparate.

¡Tal es el deseo que aquí hay de llamar la atencion y causar impresiones teatrales! Seguramente no se contentan con la simple impresion artística: claro es que el sueldo es la suprema aparicion que se vislumbra en el fondo de estas admirables sombras chinescas; pero es un sueldo particular, un sueldo francés, que necesita estudiarse mucho para comprenderlo; que no podrá nunca comprenderse, si se estudia de un modo aislado. Es necesario poner la observacion en todas las partes de este gran todo, para que lleguemos á divisar qué clase de sueldo es el que está depositado en el fondo de esta inmensa urna. Aquí entra en todo, como uno de los elementos más poderosos, como la primera vitalidad del país, como carácter de raza, la fantasía. Aquí tiene todo un algo fantástico, el sueldo tambien. Aquí todas las cosas se cobijan bajo un manto de coquetismo, tambien el sueldo. Paris no querria, le concedo esta idealidad noble y generosa, un sueldo grosero, ignorante, idiota, no; no quiere el oro que se da por ir al teatro, con el fin de ver las maniobras de un hechicero, de una bruja, si las hubiera: busca siempre y en todas partes la satisfaccion de su genio artístico; su sombra chinesca. Fenómeno admirable en verdad. Los pueblos menos artistas por naturaleza, son los que más se dan al arte por instinto y por educacion. Por esto mismo los oradores suelen tener la pasion funesta de querer ver escrito lo que hablan. Su palabra es su única belleza, y no se contentan con ser bellos. La escritura es un postizo que los afea, que los ridiculiza más de una vez, y están contentos con su fealdad y su ridiculez. El genio tiene sus arcanos, como tiene el abismo cavidades ocultas, y aquí encuentro yo uno de sus arcanos más curiosos.

Todo respira aquí contra el arte, contra el arte único que conoce la humanidad, contra esa poesía santa y sublime que nos hace sentir el bien, la verdad y el amor, bajo la relacion de la belleza; pero de una belleza espontánea, impregnada en todo, en el ademan, en la mirada, en el movimiento, en la voz, en el cielo, en el aire, en la luz, hasta en el susurro de los árboles mecidos por la brisa. Yo no encuentro esa poesía fácil, ese arte infuso, por decirlo así, en ninguna parte de esta magnífica ciudad. Llevemos una estátua de las Tullerías ó del Luxemburgo á un paseo de Roma, y seguramente parecerá más bella, más estátua, más arte; es decir, más sentimiento, porque sentimiento es el arte, así como verdad es la ciencia, utilidad la industria, ó justicia el derecho humano.