Mi mujer. Llevemos al menos los manguitos.
Yo. Es que ignoro cómo se llaman los manguitos.
En resumidas cuentas, tuvimos que volver al hotel, y tomar una porcion de notas del Diccionario. ¡Trencilla, ovillo, manguitos, camisolines! He pasado hoy el estrecho de Magallanes en plena tempestad.
Nuestra venida á Francia me ha hecho comprender un sentimiento que yo no conocia en mi compañera, al menos desarrollado en tan grande escala. Mi mujer es una patriota acérrima, intransigente, absoluta. No oye hablar de España sin que la sangre se la suba al rostro. ¡Ay del mundo si su voluntad se cumpliera! ¡España pesaria como una cadena de bronce sobre el cuello de la humanidad!
Bien es verdad que el amor á su país, lo que llamamos nuestro país, no es el atributo de una mujer, sino de la mujer, especialmente cuando se ha educado en uno de esos pueblos en donde imperan aún las costumbres del Asia. En el amor ardiente, imaginativo, vaporoso, poético, que la mujer profesa á su tierra natal, hay un algo que pone la naturaleza, y otro algo que ponen la educacion y el hábito.
Evidentemente, la mujer está llamada por la naturaleza á no poder vivir sin una pasion efectiva; su ciencia grande, su gran vida tiene por centro el corazon. Por esto mismo es la destinada á concebirnos en sus entrañas y á darnos su sangre con placer. No bastaba el tierno alimento con que nos nutre. La mision de la madre, esa mision augusta, la más augusta que el cielo encomendó al género humano, no es una tarea mecánica; la tarea autómata de sacar el pecho y llevarlo á la boca del hijo, no: es una tarea de cariño, de efusion, de delicia; es una tarea santamente providencial.
La ley de la mujer es amar, amar desde luego, lo primero que ve, lo primero que oye; porque lo primero que oye y que ve la hace sentir, y en la mujer sentir es amar.
Ve la flor, y ama la flor. Canta un ave, y ama aquel ave. ¿Cómo no se ha de enamorar de su país, cuando se enamora de las flores que ve crecer, de las aves que oye cantar? ¿Cuántas mujeres no han vertido lágrimas amargas bajo la impresion del arrullo tardío y doloroso de una tórtola?
En esta estructura sentimental é imaginativa de la mujer; en este carácter radical y profundo, entra indudablemente la naturaleza. Nuestras madres son por naturaleza afectivas, y como el afecto obra instantáneamente sobre la fantasía, son tambien por naturaleza fantásticas, pero si la naturaleza pone una parte, la educacion y el hábito ponen otra, como antes dije.
La sociedad histórica tiene hasta hoy dos revelaciones capitales: la sociedad egipcia y la sociedad humana; es decir, la sociedad referida á la tradicion, y la sociedad referida á la misma sociedad.