Mi mujer estaria aquí todo lo bien que puede estar una mujer léjos del país de sus afecciones, de sus conocimientos y de sus hábitos, cuando comprendiera y hablara el idioma: no hablándolo ni comprendiéndolo, vive mártir ó poco menos. No poder hablar es para la mujer una contínua irritacion, una perdurable indigestion de palabras y de deseos, una especie de hidrofobia. Quien inventó el silencio, no tuvo necesidad de inventar infierno para las mujeres.

Sin embargo, es cosa de la Providencia que no sepa francés, porque si lo supiera, ¿qué dirian los franceses al oirse llamados animales á cada momento?

Pero, hombre, ¿no ves qué bestias son estas gentes? Hé aquí una de las frases más indulgentes de mi compañera. Los llama bestias, porque no entiende su idioma.

Hemos empleado una gran parte de la mañana en hacer varias pequeñas compras.

Mi mujer. Compremos ahora un ovillo de hilo.

Yo. Es que yo ignoro cómo se llama el ovillo en francés.

Mi mujer. Pues, compremos trencilla para atar las botas.

Yo. Es que yo ignoro cómo se llama la trencilla en francés.

Mi mujer. Pues compremos siquiera los camisolines.

Yo. Es que ignoro tambien cómo se llaman los camisolines en francés.