=Dias octavo, noveno y décimo=.

Dos dias de encierro.—Provisiones.—Los libros de mi mujer.—Un español.—Compras.—Patriotismo de mi compañera.—Carácter capital de las mujeres.

Llueve á cántaros, y hemos invertido dos dias en asuntos privados. Mi mujer ha dispuesto el equipaje y yo he escrito á mis buenos amigos de España, más un artículo para La América, titulado, filiacion de los partidos en política.

La cuestion de comida nos preocupa muy sériamente, é ignoro á dónde irémos á parar. Desde que salí de Madrid no he hecho una verdadera digestion, y ya mi estómago principia á volverse contra su sueño. No entienda el lector que somos dados á la gula; no se trata de gozar sino de vivir, y cosa es esta para no ser mirada de cualquier modo.

Buscando recursos contra esta penuria artificial, mi mujer y yo hemos ido al pasaje de los Panoramas, que dista pocos pasos de nuestro hotel, y nos hemos provisto de jamon dulce, salchichon, una caja de sardinas escabechadas, un cestillo de fresas y pan. Un tabernero de la acera de enfrente, el buen Jeannin, nos ha enviado dos botellas de vino Macon (á 20 cuartos el cuartillo), y una lechera de la vecindad nos ha hecho el favor de enviar á su niña con un cuartillo de leche de vaca.

Los fiambres no podrán ser el alimento de muchos dias, al menos para mí; pero son el recurso de hoy.

Mi mujer está empeñada en que con tres litros de cinta tiene bastante para aderezarse el sombrero. Despues de querer la cinta por litros, que es como si dijéramos por azumbres ó por celemines, estoy viendo que cualquier dia va á pedir un metro de vino.

Esta mañana hice cierta pregunta á un caballero que encontramos cerca de la fuente de Moliére, calle de Richelieu; el caballero me contestó que no me comprendia porque era de otras tierras. Esto lo dijo en español. Á mi mujer le pareció que habia sacado la lotería.

—¿Es usted español? ¡Bendito sea el cielo! Venga usted acá, hable usted español, hablemos español: apenas vuelva á España, estaré hablando el español durante un mes seguido.

Aquel caballero debia marcharse al dia siguiente, y nos dió las señas de su habitacion en Barcelona, en el Lóndres de España; un Lóndres tan activo, tan laborioso, tan inteligente, tan moral como Lóndres; tan desgraciado como Barcelona.