Que lo pienso, alma mía, y te lo digo,

Serás feliz más tarde ó más temprano.—

Y en tanto ella llorando protestaba,

Y él sonriendo, irónico y sombrío,

En sus amantes brazos la estrechaba.

Cantaba un grillo en el vecino muro,

Y cual mudo testigo

La luna, que en el cielo se elevaba,

Sobre ambos reflejaba

Su fulgor siempre casto y siempre amigo.