Y á su sombra mortífera se duerme.

—¡Aun has de amar!—te repetí, y amaste,

Y protector asilo

Diste, desventurada, á una serpiente

En aquel corazón que fuera mío.

Emponzoñada estás; odios y penas

Te acosan y persiguen,

Y yo casi con lástima contemplo

Tu pecado y tu mancha irredimibles.

¡Mas, vengativo, al cabo yo te amaba