Aterrada volviste de ti misma,
Como para sentir mejor la muerte
De la sima al caer vuelve la víctima.
Y aun entonces, ¡extraño cuanto horrible
Reflejo del pasado!,
El abrazo convulso de tu amante
Te recordó, mujer, nuestros abrazos.
—¡Aun has de ser feliz!—te dije un tiempo
Y me engañé; no puede
Serlo quien lleva la traición por guía,