Os alumbraba á entrambos.

Cantaba un grillo en el vecino muro,

Y todo era silencio en la campiña;

¿No te acuerdas, mujer? Yo vine entonces,

Sombra, remordimiento ó pesadilla.

Mas tú, engañada recordando al muerto,

Pero también del vivo enamorada,

Te olvidaste del cielo y de la tierra

Y condenaste el alma.

Una vez, una sola,