Doblaron á muerto:

Las de la basílica, las de las iglesias,

Las de los conventos:

Desde el alba hasta entrada la noche

No cesó el funeral clamoreo:

¡Qué pompa! ¡Qué lujo!

¡Qué fausto! ¡Qué entierro!

Pero no hubo ni adioses ni lágrimas,

Ni suspiros en torno del féretro...