Sus notas más vibrantes, sus más dulces canciones.

Y orando y bendiciendo al que es todo hermosura,

Se dobló mi rodilla, mi frente se inclinó

Ante Él, y conturbada, exclamé de repente:

«¡Hay arte! ¡Hay poesía!... Debe haber cielo; ¡hay Dios!»

* * *

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,

Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros;

Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso

De mí murmuran y exclaman: