En los palacios inmensos y los salones dorados,

Fuí como flor en quien beben perfumes las mariposas.

Los aplausos resonaban con estruendo en torno mío,

Como el vendaval resuena cuando se desborda el río

Por la lóbrega encañada que adusto el pinar sombrea;

Genio supremo y sublime del porvenir me aclamaron,

Y trofeos y coronas á mis plantas arrojaron,

Como á los pies del guerrero vencedor en la pelea.

V

Mas un día, de aquel bello y encantado paraíso,