Y mi voz, entre el concierto de las graves sinfonías,
De las risas lisonjeras y las locas alegrías,
Se alzó robusta y sonora con la inspiración ardiente
Que enciende en el alma altiva del entusiasmo la llama,
Y hace creer al que espera y hace esperar al que ama,
Que hay un cielo en donde vive el amor eternamente.
Del labio amargado un día por lo acerbo de los males,
Como de fuente abundosa fluyó la miel á raudales,
Vertiéndose en copas de oro que mi mano orló de rosas,
Y bajo de los espléndidos y ricos artesonados