Refugio busqué en la sombra para devorar mi afrenta.

VI

No hay mancha que siempre dure, ni culpa que perdonada

Deje de ser, si con llanto de contrición fué regada;

Así, cuando de la mía se borró el rastro infamante,

Como en el cielo se borra el de la estrella que pasa,

Pasé yo entre los mortales, como el pie sobre la brasa,

Sin volver atrás los ojos ni mirar hacia adelante.

Y á mi corazón le dije: «Si no es vano tu ardimiento

Y en ti el manantial rebosa del amor y el sentimiento,