No hizo Dios cual mi patria otra tan bella
En luz, perfume y frescura,
Sólo que le dió en cambio mala estrella,
Dote de toda hermosura.
IV
Dígote, pues, adiós, tú cuanto amada,
Indiferente y esquiva;
¿Qué eres al fin, ¡oh hermosa!, comparada
Al que es llama ardiente y viva?
Adiós..., adiós, y quiera la fortuna,