¡Qué silencio en las iglesias!
¡Qué extrañeza entre los muertos!
* * *
En la altura los cuervos graznaban,
Los deudos gemían en torno del muerto,
Y las ondas airadas mezclaban
Sus bramidos al triste concierto.
—
Algo había de irónico y rudo
En los ecos de tal sinfonía,