¡Qué tibias noches de susurros llenas,

Qué horas de bendición!

¡Qué aroma, qué perfumes, qué belleza

En cuanto Dios crió,

Y cómo entre sonrisas murmurabais:

«No hay vida sin amor.»

II

Después, cual lampo fugitivo y leve,

Como soplo veloz,

Pasó el amor..., la ciencia de la vida...