Y al infierno á la vez, tiemblo y vacilo.

¿Qué somos? ¿Qué es la muerte? La campana

Con sus ecos responde á mis gemidos

Desde la altura, y sin esfuerzo el llanto

Baña ardiente mi rostro enflaquecido.

¡Qué horrible sufrimiento! ¡Tú tan sólo

Lo puedes ver y comprender, Dios mío!

¿Es verdad que lo ves? Señor, entonces,

Piadoso y compasivo

Vuelve á mis ojos la celeste venda