Se exhalaron fervientes mis suspiros,

En mil pedazos roto

Mi Dios, cayó al abismo,

Y al buscarle anhelante, sólo encuentro

La soledad inmensa del vacío.

De improviso los ángeles

Desde sus altos nichos

De mármol, me miraron tristemente

Y una voz dulce resonó en mi oído:

«Pobre alma, espera y llora