Del limpio arroyo el agua cristalina,
Y el pino aguarda inmóvil
Los besos inconstantes de la brisa.
Imponente silencio
Agobia la campiña;
Sólo el zumbido del insecto se oye
En las extensas y húmedas umbrías;
Monótono y constante
Como el sordo estertor de la agonía.
Bien pudiera llamarse, en el estío,